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lunes, 13 de enero de 2014

El miedo a la soledad

En el interior de algunas personas existe cierto miedo a la soledad que se manifiesta en la necesidad de estar de forma continua en compañía ya sea con la pareja, familia o amigos. Sin embargo, la soledad como tal puede ser más positiva que una relación destructiva o no deseada al cien por cien. Las relaciones interpersonales deben estar sustentadas y motivadas en sentimientos concretos y reales como el afecto, el cariño, el respeto y la alegría. Por este motivo, cualquier elección en este ámbito que esté precedida por el miedo a la soledad sólo producirá mayor soledad y sufrimiento. En este tipo de casos, la persona es víctima de sus propios temores que le impiden ser libre y vivir en plenitud.

La incapacidad para disfrutar de uno mismo muestra un conflicto psicológico interno. El conflicto de pensar que la vida es menos vida si no se tiene a alguien al lado. Al actuar de este modo la persona pone su autoestima en el otro, es decir, analiza su propio valor interno desde el punto de vista de la alteridad. Sin embargo, el verdadero amor hacia uno mismo nace de dentro y, posteriormente, se muestra a los demás mediante acciones, palabras y gestos. La felicidad cuando es verdadera trasciende como un eco el ámbito de la pura individualidad e invita a compartir con los demás lo mejor de uno mismo.

La soledad no elegida produce dolor anímico. El abandono es causa de tristeza como muestra la situación que experimentan tantos ancianos en esta sociedad. El cariño y el reconocimiento del otro son necesarios e importantes. El aislamiento duele igual que la marginación. Una vez aclarada esta cuestión, conviene precisar que la soledad es positiva porque refleja la capacidad de la persona de cuidarse a sí mismo y realizar actividades que le gustan.

Existen planes sociales fundamentales y esenciales que invitan a compartir con los demás. Sin embargo, también existen muchas actividades que una persona puede realizar en compañía de sí misma: pasear, ir al cine, disfrutar de una tarde de compras, leer una revista o un buen libro… De hecho, más allá del estrés y la prisa que late en una sociedad marcada por la competitividad, los expertos recomiendan que cada persona encuentre al menos unos minutos para alejarse del entorno y desconectar. Esta idea queda de manifiesto en el auge de prácticas relacionadas con la meditación y la espiritualidad.

La aventura de la vida se nutre de amor. La compañía y la soledad se suceden acompasadamente en el destino humano. Un destino marcado por el anhelo de felicidad perpetuo que existe en el corazón de todo hombre.

Maite Nicuesa

domingo, 15 de diciembre de 2013

Que el miedo y el temor no te paralicen

Cada vez que intentamos cambios nos surgen miedos y temores y nuestros pensamientos se llenan de frases que comienzan con “y si…”

¿y si sale mal?

¿y si no es para mí?

¿y si me equivoco?

¿y si se burlan de mí?

¿y si fracaso?…

Es lógico que todo cambio genere temor pero, cuando nos detenemos más de la cuenta en estos “Y si” negativos, solo nos paralizamos.

Si te pones a pensar muchas veces has tenido pensamientos pesimistas pero ¿cuantos de ellos se han hecho realidad?. Quizás muy pocos o ninguno!!

Muchos de las pensamientos que te afligían en algún momento jamás se hicieron realidad, solo fueron creados en tu mente.

Obviamente no resulta sencillo acallar este torbellino de dudas pero tampoco es imposible y para ello lo primero que debemos hacer es:

* Reconocerlos, Identificar cuales son tus temores para luego

* cambiarles el sentido.

Por ejemplo detectas que tienes mucho temor a iniciar un proyecto porque piensas que puedes fracasar. En tu cabeza no dejan de atormentarte pensamientos de derrota o de frustración, inclusive hasta recuerdes hechos del pasado en los que no te ha ido bien: “si una vez fracasé entonces ahora no va a ser la excepción “.

La idea aquí es que busques darle otro sentido a tus miedos, no aceptarlos como algo que inexorablemente va a suceder. Que haya acontecido en el pasado no significa que vuelva a repetirse.

Debes darte cuenta que fracasas si no intentas algo, si no te mueves, pero que si lo intentas quizás podrías triunfar. Seguramente ahora estás mejor preparada que antes, no en todo te ha ido mal y a lo largo de los años adquiriste otra experiencia o herramientas que ahora te serán de utilidad.

Después de todo, la única certeza que tenemos es que no sabemos como saldrán las cosas hasta que no hagamos algo al respecto. Hasta que no nos animemos.

Si sientes en tu interior que debes realizar algo, entonces hazlo. No permitas que el temor te robe los sueños, ve más allá y anímate.

Para finalizar te dejo una frase que la puedes utilizar cuando la necesites:

“No fracasa quien nada intenta pero quien nada intenta jamás triunfa”.

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Andrea Martínez.