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sábado, 7 de junio de 2014

Sólo para tus ojos por Rose Mary Espinosa

Pezones rojos y erectos. Vulvas y glandes hinchados. Carnes sinuosas, desparramadas. Vello púbico abundante y ofrendado. . . Ah, los genitales en la obra de Egon Schiele.

Lo primero que conocí del pintor austriaco fue una postal de su famosa pintura Mujer reclinada: ahí la modelo está acostada, con las piernas abiertas y los brazos hacia atrás y, por entre la sábana que la cubre, se asoman los senos y parte del sexo. En ese entonces, la imagen me resultó tan perturbadora como fascinante: lo frontal y desparpajado, pero, en especial, una cierta distancia emocional en el gesto.

Varios años después la he visto físicamente en el espléndido museo Leopold y he comprendido por qué el escritor Héctor Orestes Aguilar, que vivió varios años aquí, asegura que en la capital austriaca ‘’día con día encuentras un hallazgo olvidado. . . '' Algo similar me sucedió con la obra de Schiele, desde Amantes, Mujer arrodillada, el portarretrato Hombre desnudo hasta otras de sus obras en el Belvedere Museum, como: Familia, Amantes II y de manera muy particular La muerte y la doncella, en que la mujer se abraza al eremita (que es Schiele) al tiempo que amenaza con desprendérsele.

Esta última se ha interpretado como símbolo de la ruptura entre Egon y Wally Neuzil, su primera amante y musa, como una manera de poner fin a esa relación y abrirse paso entre la sociedad burguesa. Además del amor, las batallas que, aun en su corta vida, libró el pintor fueron: las del reconocimiento, el sustento y la marginación. Aunque parte de su obra guarda similitudes con la de Gustav Klimt, los efectos son diferentes, de ahí que a menudo se hable de Klimt como un pintor festivo y de Schiele como uno en que el amor, el dolor y la muerte coexisten. En efecto, Egon no podía ver el mundo con los ojos de Klimt.

¿Cómo fue la mirada de Klimt?   

Gustav Klimt fue uno de los principales exponentes del modernismo austriaco y el primer presidente de la llamada Secesión vienesa, fundada en 1897, que se propuso reinterpretar los estilos del pasado y reaccionó contra la racionalidad del comportamiento humano. Este rescate de la mente irracional y de volver la vista hacia dentro tuvo coincidencias con el psicoanálisis de Sigmund Freud: la necesidad de aceptar y entender desde los sentimientos eróticos hasta los impulsos agresivos, dirigidos a otro o a sí mismo.

Y, no obstante, los pintores (Klimt, Schiele y Oskar Kokoschka) parecieron entender, mejor que el mismo Freud, a las mujeres: desde los instintos maternales hasta la sexualidad. Este examen del otro y de sí mismo les permitió explorar y mostrar aquellos móviles inconscientes, al grado de que el expresionismo hizo las veces de escritura creativa y se convirtió en rival del psicoanálisis.

Klimt rompió con tabúes sobre la sexualidad femenina: se cree que no reprimió la sexualidad de sus modelos. En lo delicado de sus pinturas, se concentra en el placer sexual y, más allá de la desnudez femenina, sus cuadros expresan la esencia de la mujer: el placer que reciben, el placer que proveen gracias a otro, a otros, a otra, a otras. . . Están perdidas en sus fantasías, como si se encontraran en el diván de Freud. ¿Qué tan libres son estas manifestaciones? ¿Acaso las poses fueron sugeridas por el pintor o fueron elegidas para complacerlo?

A diferencia de cómo me aproximé y me planté frente a la mujer reclinada de Shiele, en el Leopold, en el Belvedere camino con tiento y pausa previo encontrarme frente a frente con El beso, de Klimt. Lo rodeo. Avanzo y retrocedo. Me detengo en los cuadros de las paredes laterales como una lenta inmersión en sus primeras obras paisajísticas, inspiradas en Van Gogh, la introducción en el periodo dorado, las referencias faraónicas y el tocado estilo Velázquez en los cuadros de Fritza Riedler, o la primera importante que el artista dedicó a una de sus mecenas, la baronesa Sonja Knips. . .

Llego al fin a la obra cumbre de este autor y confirmo lo que me dice mi acompañante: ninguna de las réplicas le hace justicia. Reposa solitaria contra una pared oscura: ilumina y pacifica, como una estrella, como una imagen religiosa, también debido a la inspiración que fueron para Klimt los mosaicos bizantinos. El hombre, ataviado con una manta dorada, cobija a la mujer arrodillada sobre una pradera florida. Lo dorado se extiende por la planicie y en la manta pueden encontrarse iconos sexuales: hay quienes hablan de triángulos en el lado masculino y ovoides en el lado femenino; del coito entre las formas circulares y las verticales; de las formas de células, con núcleo y citoplasma, relacionadas con los estudios de biología del pintor. . .

En todo caso, se respira intimidad física, quizá deseo y placidez mutuos, si bien aun se baraja en quién estaría inspirada la mujer del cuadro, Fritza o Emilia Flöge, alguna de las mujeres idealizadas o de los amoríos intermitentes de Klimt.

Bajo la mirada de Schiele, la gama de las reacciones sexuales femeninas parece más amplia. A él se la ha llamado el Kafka de la pintura y esta ansiedad sobre sí mismo la hace extensiva a lo que lo rodea: una constante perturbación de la fuerza. Sus mujeres se muestran a veces atormentadas, a veces curiosas, a veces desfachatadas, a ratos culpables, a ratos sorprendidas. . .

. . . Atinadamente miradas con los ojos de Schiele, con los ojos de Klimt.



Rose Mary Espinosa

Los poetas de nuestra vida de Rose Mary Espinosa

Mirador de Las Vistillas en Madrid
No siempre sabemos aprovechar el tiempo durante una escala larga. Así me sucede hoy en Madrid: en unas horas partiré rumbo a un reencuentro que no sé si será despedida o recomienzo. Sé, en cambio, que viajo sin esconderme, sin lastres ni culpas como me ocurrió la última vez que estuve aquí, también durante una escala.

En ese entonces cargaba con remordimientos por haberme enamorado de otra persona, aun cuando estaba en una relación, y la osadía me costó una serie de reclamos, desde: ‘’Conmigo lo tenías todo’’ hasta: ‘’Vas a terminar sola en la vida’’. Aun cuando mis sentimientos eran más firmes que nunca, procuraba vivir con discreción el nuevo romance, so pena de no hacer sentir mal a mi expareja que, de algún modo, a la fecha me responsabiliza de su mala suerte en el amor.

¿Por qué nos cuesta tanto responsabilizarnos de nuestros propios sentimientos? En la sección de Psicología de la librería busco algún título que ofrezca una respuesta rápida: de ''bote pronto'' encuentro El libro Troll, El mundo entre tus manos y La risa os hará libres.

Son tan pocas horas que me parece que no tengo muchas opciones. En la librería hay guías que proponen conocer lo básico de esta ciudad, si es necesario, en un solo día. Prefiero llamarle a mi amiga Beatriz, quién quita y pega, y queda en alcanzarme apenas salga del trabajo para pasar la tarde juntas.

En la sección cultural de La Vanguardia leo un artículo sobre el descubrimiento de la comedia Mujeres y criados, de Lope de Vega, en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de España. El profesor Alejandro García-Reidy determinó la autoría de Lope tras una exhaustiva revisión de la métrica de dicha obra en correspondencia con otras obras del autor que datan de la misma época, es decir, entre 1612 y 1613.

Relaciones amorosas entre personas de distintos estratos sociales: de eso trata Mujeres y criados. Y estamos hablando de mujeres con iniciativa: Violante y Luciana están respectivamente enamoradas de Teodoro y Claridán, y a la vez son respectivamente pretendidas por los acomodados Don Pedro y Don Próspero, este último patrón de los muchachos.

Es una comedia urbana que confronta las relaciones por conveniencia. Ambas protagonistas son mujeres con iniciativa que se las ingenian para encontrarse con sus enamorados, burlando a su padre. Luciana calma los celos de Teodoro, quien teme que el pretendiente de su amada sea su "dueño", mientras que Violante se sirve de la ironía y el humor para responder los insistentes y exagerados galanteos de Don Pedro, su acomodado pretendiente. Al final, el amor se impone al honor y la búsqueda de la felicidad al servilismo.

Cuando termino de leer la obra (que se encuentra en línea y publicada en Gredos), llego a la cita con mi amiga y, en una tarde tranquila y fresca, vuelvo a algunos de mis espacios favoritos y me detengo en otros que no había apreciado con detenimiento.

Subimos por Serrano a la plaza de la independencia y por Alcalá a la Cibeles. Caminamos hasta Puerta del Sol, donde un grupo de veteranos marchan por la eliminación de las sentencias franquistas, seguimos a Plaza Mayor, donde decenas de mujeres vestidas con camisetas rosadas siguen la rutina de baile de un instructor. Llegamos al mercado de San Miguel, que hace unos días cumplió cinco años de haber sido renovado en una estructura conocida como Arquitectura de Hierro, a la manera de Barcelona.

Seguimos nuestra caminata. Pasamos por el famoso puente de los suicidas (Viaducto de Segovia) y Beatriz me cuenta del caso de tres adolescentes que se arrojaron juntas, antes de la instalación de las mamparas de dos metros, hace casi 16 años, para disuadir los impulsos suicidas, no siempre con éxito.

Con todo y la protección, el panorama es imponente, casi un imán. Los copiosos árboles tienen un efecto tranquilizante, a la vez que el cielo nublado ciertamente inquieta aun cuando la Basílica de San Francisco el Grande semeje un vigía. Desde un café en Vistillas miramos cómo el sol se extingue después de incendiarse entre las nubes.

Es el momento de despedirse. Regreso al punto de partida para empacar las compras del día y revisar mi correspondencia, ya que, desde que comenzó el paseo, no he tenido oportunidad de conectarme. Apenas entro a zona WiFi cae un racimo de mensajes en WhatsApp: la misma serie de recriminaciones que he recibido en los últimos años: que si nunca en la vida había padecido tanto, que no se repone, que a veces quisiera que sufriera lo mismo que él. . .

Viene a mi mente uno de los diálogos de la citada obra de Lope, cuando, celoso, Teodoro se pregunta: ‘’¿Con quién tomaré consejo que me defienda de mí cuando yo mismo me ofendo?’’. En mi caso, son las caminatas, como la inesperada de hoy en Madrid, son los hallazgos sorprendentes, es descifrar a través del arte, de la literatura, como en la citada obra de Lope, ciertos pasajes de la vida que ni la lógica ni la terapia atinan a resolver.

Esta vez Madrid ha sido la escala mejor aprovechada de mi vida. Sigo mi viaje rumbo a un episodio tan anhelado como temido y que en cualquier caso desconozco. Mis libros y mi poesía me protegen. . . Por eso recomiendo tan devotamente el recurso de mirar a través del arte y construirnos ilusiones propias, tomar lo cotidiano y embellecerlo, darle valor y significado, convertir nuestra vida en arte y poesía, ser poetas de nuestra vida.

Rose Mary Espinosa

viernes, 23 de mayo de 2014

No le masturbes el ego por Rose Mary Espinosa

Meme de Gene Wilder
Agradezco que entre mis mil y un vicios no se encuentre el de la lambisconería. O, para decirlo en palabras de Séneca: ''Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones''.

Por más que me digan que no siempre es un defecto, que abre puertas y acorta brechas, me parece baja y deleznable: ''la bajeza más vergonzosa'', dijo Balzac. Fingir una admiración que no se profesa, escucharse mentir tan en voz alta, entre caravanas y lisonjas, ¿habrá mayor atentado contra uno mismo?

Quizá por eso no me he dedicado a la política ni a la diplomacia (el arte de los pretextos, la llamó Maurice Joly). . . Quizá por eso no he sido ni la nuera ni la pariente política ni la amiga-amante ejemplar. Cuando digo que admiro, es porque realmente admiro; cuando digo que quiero, es porque verdaderamente quiero; cuando digo que amo, es porque amo. . .

Ni el más coincidente y fastuoso enamoramiento me lleva a enunciar algo que no me sea verdadero. Si alguien me dice: ''Nunca había sentido esto con nadie'', ''Eres la mujer más (favor de llenar el espacio) con la que he estado'' o demás boberas, y resulta que yo no puedo decir lo mismo, simplemente me quedo callada. Tal vez sonría, pero nada más: silencio absoluto, los grillos. . . Ahora, si la persona en cuestión lo dice para quedar bien o para obtener algo y no es honesto, es su problema. ¿Mentir por complacer? No es para mí, gracias.

Sin embargo, hay personas que prefieren los halagos, la adulación y las mentiras por encima de la verdad. Por ahí dicen que, si quieres pasar un buen rato con un hombre, le hagas una buena chaqueta, pero si quieres pasar con él toda una vida, le masturbes el ego. Y sí. Tal parece, las personas están ávidas de lisonjas.

Lisonjas, aun cuando estemos conscientes de que son engaños. No en vano a los aduladores también se les llama ladrones: que aprovechan la oscuridad, nuestros descuidos y nuestra inseguridad en beneficio propio. Ya en el Siglo de Oro Francisco de Quevedo dijo: ''Bien puede haber puñalada sin lisonja, mas pocas veces hay lisonja sin puñalada''.

Por momentos, la adulación es una aparente zona de confort. . . ¿De qué nos evade? De la autocrítica, de vernos en nuestra propia estatura y nuestros alcances. Nos evade de la realidad y, por ende, de confrontar los problemas verdaderos y crecer. Igualmente limita nuestra libertad, la restringe: la lambisconería hace las veces de espejismos e ilusiones. Y aquí el círculo vicioso: la negación nos deja a expensas de los aduladores, de aquellos que nos hacen creer en un mundo que no existe.

Una vez un amigo me recomendó para un puesto de trabajo y se le ocurrió organizar una comida con el ejecutivo en cuestión. Durante la cita, me dedicó tal cantidad de halagos de lo más cursis y huecos que tuve que pedirle que, por favor, callara. En vez de ayudarme, me pareció que me perjudicaba y menoscababa mi credibilidad. Si alguien va a reconocer a otra persona, es preferible que lo haga de forma mesurada e imparcial.

De ahora en adelante, riámonos del adulador. Echémosle una trompetilla. Prefiramos la realidad a la ilusión, la libertad, con todo y sus golpes, a una edad de la inocencia, infantil y estática como la que nos ofrece el lambiscón. No nos confundamos. La adulación es anestesia, falsedad y basura. En palabras de Aristóteles: ''Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores''.

¿Así o más claro?

Rose Mary Espinosa
Fuente: Blogs El Universal

martes, 30 de julio de 2013

El llanto de un niño por Rose Mary Espinosa

La ciberdenuncia volvió a hacer de las suyas: ¡Bravo! Ella sí anotó gol. La difusión del video en que Juan Diego López Jiménez, trabajador del municipio Centro, Tabasco, hace llorar a un menor por vender dulces y cigarros y lo fuerza a echar al suelo, uno a uno, los productos de su mercancía, provocó que el funcionario fuera separado del cargo con vistas a su cesación. Es insultante cómo López Jiménez se mantiene firme e indiferente --aun ante el llanto del niño--, pero, eso sí, toma las cajetillas de cigarros y se las lleva consigo.

Exhibido el funcionario en su insensibilidad, su ignorancia y su conducta a todas luces clasista. Exhibidas también la indefensión del menor y los demás afectados, así como la indiferencia por parte de varios de los que presenciaron la penosa situación. Exhibido, quizá tangencialmente, el mal llamado mundo adulto y ese empeño insano en creer que la disciplina implica pasar por encima de un menor, de quien sea, y humillarle hasta las lágrimas. Golpes, insultos, gritos, órdenes, como falsas y nocivas prerrogativas que tienen los mayores o los ricos y poderosos o la autoridad para meter orden, a costa de vulnerar el orgullo, el honor y la dignidad del otro.

Hace poco, en una cena, conocí a una activista danesa, quien contó que en su país los padres que golpeaban o gritaban a sus hijos eran denunciados, procesados y hasta encarcelados. Hubo pasmo, hubo ovación, hubo quien, incrédulo, preguntó: ¿Un grito y a la cárcel? Claro, respondió ella, porque lacera el autoestima. El que esté libre de culpa, insistió el incrédulo… Y nadie arrojó la primera piedra.

O quizá esas primeras piedras sean los videos que exhiben la soberbia y la cobardía de los otros y que los demás señalamos y condenamos para caer en la cuenta de cuán cuidadosos y respetuosos tenemos que ser, y nunca perder de vista que los niños son primero y están para que los adultos los procuremos y los protejamos.

Es paradójico que aquellas verdades que en la retórica se defienden a capa y espada, no siempre encuentren correspondencia en las acciones. No en vano el mundo de las emociones infantiles es un tema de investigación y significación relativamente recientes, en especial en México, donde aún se escuchan testimonios de quienes, no obstante fueron educados a palos, dicen que crecieron fuertes, felices y exitosos.

Por fortuna, el registro y la reacción viral a este tipo de atropellos, hablan de una tendencia creciente hacia el respeto del mundo emocional infantil y un mayor reconocimiento de los abusos por parte de los adultos.

“Alta velocidad mortal”
Más de una vez me ha tocado escuchar a algún pasajero decirle lo siguiente al conductor de un vehículo que maneja con exceso de velocidad: ''¡No olvides que llevas vidas!''. Dicha advertencia es sumamente reveladora: a veces pareciera que los conductores se olvidan de que trasportan vidas. ''Alta velocidad mortal'', así tituló el diario español El Mundo la noticia sobre el descarrilamiento del tren en Santiago de Compostela, Galicia, que, según los últimos informes, provocó 77 muertes. El diario asegura que el convoy circulaba a 220 km/h en un tramo riesgoso que, por ser curva cerrada, está limitado a 80 km/h. Por su parte, el periódico El País afirmó que, en el momento del accidente, el tren circulaba a 180 km/h. En tanto, el vocero de Renfe, la empresa local de ferrocarriles, dijo que la velocidad exacta se conocerá una vez que se consulten las cajas negras del tren. Duele Galicia.

#FueraChepo Fui y me di un chapuzón en Twitter minutos antes de que terminara el partido en que México fue derrotado (dos goles a uno) por Panamá y le valió ser eliminado de la Copa de Oro. Al menos en mi timeline (que es algo numeroso) predominaron abucheos y descalificaciones contra el director técnico, enemigo público número uno, mientras la noticia sobre un tiroteo en un centro de apuestas en Michoacán, difundida durante esos últimos minutos de partido, pasó casi desapercibidamente. La información sobre el supuesto ataque o asalto se mantuvo confusa. Conforme escribo esto, las últimas versiones hablaban de 15 encapuchados que lanzaron bombas molotov y abrieron fuego al interior de un YAK, lo que provocó un incendio. . . Duele, inquieta y perturba Michoacán. Apenas el miércoles se registró una de las jornadas más sangrientas en ese estado, con la muerte de 24 personas en un enfrentamiento entre presuntos delincuentes y elementos de la Policía Federal.


Rose Mary Espinosa

sábado, 1 de junio de 2013

"Todo se puede comprar" por Rose Mary Espinosa

Escena de la obra
En temas como la trata de personas para fines de explotación sexual no es raro que sean mujeres quienes levanten la voz y tomen cartas en el asunto, y tampoco es raro que estas tomas de conciencia y estos llamados a la acción muchas veces sean interpretados como muestras necias de conservadurismo, cerrazón o envidia.

Por eso me sorprendió que la obra Si un árbol cae. . . haya sido concebida y escrita por hombres: respectivamente, por el productor Vladimir Peña y el dramaturgo Javier Malpica. Las premisas son crudas y la metáfora escalofriante: el ejercicio forzado de la prostitución se hace de víctimas cada vez más jóvenes, quienes reciben tratos infrahumanos y, una vez que dejan de ser útiles o dejan de cooperar, son desechadas y olvidadas: como árboles en medio del bosque que nadie escucha caer.

Le pregunto a Malpica qué le significó involucrarse con esta realidad como hombre y ’desenmascarar’ los móviles de su género. Él responde que, si bien la obra pretende retratar el sufrimiento de dos mujeres víctimas de la trata, igualmente le permitió ‘descubrir la parte masculina involucrada: esa que apoya o, en el mejor de los casos, ‘no obstaculiza’ o es indiferente a la desaparición de las mujeres y su venta para la prostitución forzada.

El clima generalizado hacia este tipo de realidades estrujantes suele ser de indiferencia y apatía. Por miedo o por costumbre, se silencia y, por ende, se permite y se promueve. Hay quien se cura en salud porque lo considera un fenómeno mundial. Hay quien se cruza de brazos porque, a su juicio, es cuestión de naturaleza humana y siempre ha existido y siempre existirá. Ése es el énfasis en uno de los diálogos del único actor masculino en escena (que desempeña distintos roles) y que exalta, acaso lapidariamente, las prerrogativas y los alcances de los de su clase: los hombres, sean políticos, empresarios, futbolistas o abogados: Las leyes se escriben con nuestro semen, sentencia.

Malpica cree que la trata de personas es, en efecto, un problema de género: Vivimos en una sociedad (evidentemente comandada por la testosterona) donde ideas como ‘todo se puede comprar’, ‘el sexo es siempre placentero’, ‘el sexo vende’, han llevado a muchos hombres a la falsa creencia de que toda prostitución es valida y que tienen derecho a satisfacer sus deseos sexuales siempre que paguen, sin importarles que las mujeres involucradas puedan ser víctimas de trata y estar forzadas a ello.

¿En qué medida el ‘’destino final’’ contribuye a perpetuar y agravar crímenes de esta magnitud? Malpica es tajante: ‘Si así piensan los ‘clientes’ no podemos extrañarnos de que haya quienes hayan dado un paso más allá y, para satisfacer esa demanda masculina, sientan que tienen el derecho de vender, esclavizar, torturar y hasta asesinar a las que ya no ven sino como un objetos de consumo. Uno no puede menos que sentir vergüenza de su propio género.

La obra presenta un formato novedoso y en distintos. La desventura de los dos personajes femeninos (propiciada por condiciones preexistentes como: la violencia intrafamiliar, la marginación y el hecho de nacer mujer) se muestra también como una azarosa, acaso ilusa, elección de papeles dramáticos que terminan por ser roles de vida, en medio del anonimato y el olvido.

Una serie de testimoniales de víctimas de trata en todo el mundo que revelan sus móviles para callar, sonreír y complacer (Aprendí a quedarme callada para que me insultaran menos… a sonreír para que me dejaran de pegar). Un caudal de datos duros, transmitidos por el periodista Javier Solórzano a través de una pantalla (12 millones de mujeres víctimas de este crimen, quienes en los casos más severos son obligadas a atender entre 30 y 50 clientes por día) y el pronóstico de que, en los próximos años, la trata, segundo delito a nivel nacional, por encima de la venta de armamento, supere al número uno: el narcotráfico.

Los pasajes más estremecedores ilustran la pérdida de la inocencia a través de promesas y amenazas, de engaños y traición, incluso por parte de familiares y esposos. Quienes padecen los ultrajes se ven inmersas en dinámicas de sometimiento e intimidación: debilitadas por cuánto se les veja y minimiza, resignadas a morir.

Si no hay más voces de indignación al respecto, es porque se trata de un crimen de género y la sociedad machista está minimizando lo que ocurre. Hay dinero involucrado, por lo que hay mafias y corrupción silencian las voces de aquellos indignados o afectados. La trata de mujeres y niñas existe en nuestro país, y no necesitamos ser ni reporteros, investigadores, sociólogos o escritores para dejar oír nuestras voces solidarias. Podemos empezar al menos con no cerrar los ojos y los oídos a esos árboles que caen.


Rose Mary Espinosa

lunes, 8 de abril de 2013

Durmiendo con el enemigo por Rose Mary Espinosa

Alguien, cuyo nombre prefiero no revelar, me cuenta que está fascinado con su nueva novia, salvo por el pequeño detalle de que en la intimidad ella critica sus posiciones, le dice que la aplasta, que le da asco que sude y se burla de su miembro. Como consecuencia, él se ha vuelto muy inseguro y, según confiesa, cada vez le es más difícil tener una erección, lo que, a su vez, propicia el círculo vicioso en que ella critica su físico y su desempeño y él se siente insuficiente e inadecuado.

El innombrable dice que si soporta esto y más es por amor y yo me pregunto si, de verdad, en el amor todo se vale. Lo primero que me viene a la mente es que no, pero después reflexiono sobre lo única que es la vivencia de amor, lo individual que es su significado, y sobre cómo este tipo de dinámicas pueden ser un complemento en una pareja, un reto, una manera de conocerse y aprender, de crecer y fortalecer la relación, o de separarse.

Lo delicado es lo que está en medio: cuando la relación, aun cuando no se rompe, no se fortalece. Y no sólo no se fortalece sino que se deteriora. Y no sólo se deteriora sino que pone en peligro la dignidad, la integridad, la vida de quienes la conforman.

Una cosa es complacer, preocuparse por la satisfacción del otro, y otra ser objeto de malos tratos y humillaciones. Desde luego que esto puede ser parte de un juego, es decir, una dinámica consensuada, de ahí que exista un gusto, cada vez más abierto y aceptado, por actividades sexuales en las que la excitación y la gratificación se obtienen a través de ser sometido, humillado, vejado y/o expuesto, y se sugiera, a quienes quieran incursionar en estas dinámicas, lo hagan con un bondage light: primero platicar sobre los juegos con total honestidad y claridad, para después empujar los límites poco a poco (vendarse los ojos, atarse las manos o a la cama con corbatas o tiras de papel que se rompan con facilidad) o establecer códigos que permitan al sometido escaparse o decir hasta aquí.

Suponiendo que se trate de un juego entre adultos, repito, consensuado y bajo control, quizá podamos decir que queda entre ellos, que ya están grandecitos (¿quién lo está?) para saber lo que hacen, que respetamos aunque no comulgamos, que, mientras no haya consecuencias, cada quien con su cada cual. Ahora bien, este tipo de dinámicas, aun capaces de condimentar la vida en pareja y ayudar a explorar la personalidad sexual, igualmente pueden escaparse de las manos y traspasar la frontera: ello es una posibilidad creciente e inquietante de la que me ocuparé en otro post.

Por ahora, quiero volver a hablar sobre esos malos modos no consensuados en que, en una pareja, uno minimiza al otro a través de rudeza verbal, indiferencia, burla, seducción, intoxicación, fuerza física… Un aspecto clave de esta dinámica es que el otro (el agredido, el cosificado) no siempre está en condiciones de identificar la situación violenta de la que es parte, mucho menos de defenderse o hacerse a un lado.

Bed bullying, que le llaman: es un tipo de hostigamiento sexual, que va desde críticas y comparaciones, hasta coerción y violencia física. El común denominador es que quien lo ejerce siente gratificación al ofender y cosificar a la pareja sexual; mientras que quien lo padece se siente incómodo, forzado a ir en contra de sí mismo.

Como dicen por ahí, hasta entre los perros hay razas o, lo que es lo mismo, son distintos los grados en que el llamado bed bully (que puede ser quien está a nuestro lado o podemos ser nosotros mismos) ejerce su dominio: desde tácticas no verbales como acariciar y besar por la fuerza hasta presionar a través de mentiras, chantajes y degradación: amenazas con terminar la relación, comparar y ridiculizar a la pareja, burlarse de su cuerpo o incluso sugerirle que se haga una cirugía estética.

Un nivel más severo, en que la manipulación es evidente, consiste en alcoholizar o drogar a la pareja con tal de recibir algo a cambio o abusar de ella cuando no se puede defender. Y, sin duda, el grado más alto de explotación tiene lugar a través de la violencia física para forzar a la pareja a tener sexo en contra de su voluntad.

Una vez más: no se trata de satanizar. Es poco realista y poco práctico concebir una sola manera de tener relaciones sexuales siempre sana y moderada. Lo importante aquí es el acuerdo mutuo y que el goce de uno no se obtenga a costa del padecimiento de otro. Que podamos discernir entre lo que es manejable y lo que es insostenible: ¿Hasta dónde esta práctica es algo que quiero experimentar, hasta dónde me hace transgredir fronteras y crecer? ¿Hasta dónde me somete, me humilla, me hace sentir incómodo, usado, triste, vacío?

El sexo no tiene por que ser limitado ni limitante. Uno puede conocerse mejor. Romper esquemas. Vivir personajes. Disfrazarse. Sacar una personalidad que no nos permitimos en lo cotidiano. Pero esto no tiene que ser a costa de nuestra dignidad o integridad física o emocional ni la de la pareja.

La pareja puede ser nuestro cómplice en la fantasía que queremos realizar, en el escenario que queremos poblar. Podemos vencer los miedos, recrear situaciones que nos generaron un trauma. En la cama podemos negociar, consensuar, interpretar; explícita o tácitamente. Ahí radica una parte de la verdadera y más profunda comunicación y compatibilidad sexual.

A veces nos damos cuenta de que estamos rayando en el límite; a veces no. Si no podemos poner un freno, o no podemos ponérnoslo, se vale pedir ayuda. Tengamos presente que la violencia no siempre es claramente percibida ni por quien la recibe ni por quien la ejerce. ¿Quién es realmente el enemigo?



Coerción sexual en las primeras citas

El sex bullying se puede presentar desde las primeras salidas.

Tácticas masculinas más usuales: presión verbal, fuerza física, alcohol y drogas, imposición.

Tácticas femeninas: coqueteo, tocar, halagos, quitarles la ropa. Aprovechar que el hombre está bebido. Muy pocas usan la fuerza.

En Estados Unidos, uno de cada tres adolescentes ha sido víctima de abuso por parte de su pareja.

Las víctimas de citas violentas pueden desarrollar adicción a drogas, trastornos alimenticios y propensión a suicidio.

La violencia en las citas es la causa número uno de daño físico e injurias a la mujer.

Se calcula que un cuarto de las adolescentes ha tenido sexo por la fuerza o por presión.



ROPA SUELTA

El desalmado, ese otro ser humano insensible tan distinto a nosotros. Ese al que los demás llaman o que se llama a sí mismo diablo, como Omar Alejandro Rosas, de 24 años, que, según la denuncia de los familiares de Darcy Losada (joven de 20 años, que trabajaba en Helados Santa Clara) fue quien le dio muerte a la chica y que posteriormente lo confirmó en un chat que tuvo con ellos en el que, además, narró cómo había disfrutado asesinarla y les aseguró que, debido a sus contactos políticos, no lograrían detenerlo.

Esos seres crueles y egoístas de los que habla Zygmunt Bauman, que provocan en la sociedad un miedo que tiene como objeto a la maleficencia humana y a los malhechores humanos.

Perturbadoramente peligroso y sin un ápice de moral, así describió la jueza Thirwall a Michael Philpott, quien se mostró estoico e impasible hasta el último minuto en que fue sentenciado a cadena perpetua por asesinar a sus seis hijos y sólo se quebró cuando escuchó que su esposa y cómplice, Mairead, recibiría una sentencia de 17 años en prisión.

El matrimonio y otro cómplice, Paul Mosley, quien obtuvo la misma condena que Mairead, fueron sentenciados por planear y provocar el incendio de la casa en que los niños habitaban y que les causó la muerte. Una sentencia única, en palabras de la jueza, correspondiente a seis homicidios no premeditados de niños con edades entre cinco y 13 años.

Según el dictamen, Michael Philpott fue quien operó detrás de tan alarmante y peligrosa empresa que tenía como fin provocar el regreso a casa de su amante Lisa Wills, con quien al parecer él estaba obsesionado.

A continuación, me permito reproducir parte del veredicto emitido por la jueza a Michael Philpott:

Estabas decidido a asegurarte de que ella regresara y empezaste a armar tu plan. Controlaste y manipulaste a esas mujeres como habías controlado y manipulado a sus predecesores. Las mujeres te pertenecían para ver por ti y por tus hijos, así las describías. Te bastaba con ladrar órdenes y ellas obedecían. Tus necesidades y deseos cobraron prioridad sobre cualquier cosa, sobre quien fuera, incluidos tus hijos. Arreglaste tu vida y las de ellos de tal suerte que todo se llevara a cabo para beneplácito de Michael Philpott. Fue un plan perverso y peligroso. Se ha dicho en tu nombre que eras un buen padre. Yo no podría describir así a un hombre que actuó como lo hiciste tú. Acepto que perdiste seis hijos. Lamento mucho que en ti todo sugiera que tu dolor ha sido simulado para el ojo público. Eres perturbadoramente peligroso. Tu principio motor es: lo que Michael Philpott quiere, Michael Philpott lo consigue. No tienes un ápice de moral.

Parafraseando a Bauman, esos otros seres humanos que son en gran parte responsables de las bromas pesadas de la naturaleza y de las rarezas de la salud corporal.


viernes, 8 de marzo de 2013

Desnudémonos sin miedo por Rose Mary Espinosa

Hay ideas que rondan en nuestra cabeza y no siempre atinamos ponerlas en palabras hasta que leemos o escuchamos una frase que enuncia perfectamente lo que queremos decir. Yo tenía la intención de escribir sobre sexualidad femenina, particularmente sobre lo que la detiene y lo que la potencia, es decir, sus anclas y sus alas. En eso, mientras recorría la exposición Mi cabeza, mi casa, del artista Ricardo Nicolayevsky, me encontré con un aforismo que, a la vez, ató y desató cabos, El miedo se quita con la ropa interior.

La frase bien puede ser una advertencia, una instrucción, pero también un ideal de desenvolvimiento y liberación, tanto un punto de partida como un punto de llegada, arribar al desnudo sin miedos. No obstante, muchas veces esto no ocurre así y despojarse de la ropa no implica hacer lo propio con temores e inseguridades. Al contrario.

Aun cuando estamos rodeados de recetas, códigos y protocolos que nos invitan a, fundamentalmente, desenvolvernos en la superficie para salir triunfantes en cada encuentro íntimo, toda esta información, incluso si apunta ser efectiva, no siempre implica congruencia o plenitud, ni siquiera una consecuente liberación. ¿Qué es lo que nos distrae? ¿Qué nos ata? ¿Qué nos impide dejarnos fluir y disfrutar?

La sexualidad está conformada no sólo por nuestros impulsos y deseos sino por nuestros miedos y nuestras culpas, nuestras expectativas y nuestras malas experiencias. Es, a un tiempo, escenario de acción y contención, aquello que nos mueve y aquello que nos frena. Es aprendizaje y conocimiento tanto de nuestra pareja o nuestras parejas como de nosotros mismos.

Es una carga pesada para casi todo el mundo, si bien, en el caso de las mujeres conlleva varias peculiaridades, especialmente por la serie de dogmas, atavismos y malentendidos que acompañan la llamada liberación sexual. Nos encontramos ante una sociedad ambivalente que aparenta ser permisiva, o lo es parcialmente, y, por otra parte, condena y censura dicha liberación, a veces al amparo de un quizá justificable temor, que la mujer sexualmente libre se desborde y ponga en riesgo el orden preestablecido o los cánones dictados por un discurso predominantemente masculino.

A través de los años, como investigadora, periodista y escritora, he tratado de ahondar en estas realidades y en sus diversos porqués. Mi trabajo en distintos espacios mediáticos me ha dado la posibilidad de tomarle el pulso a parte de esta zona temerosa que yace bajo la piel, esa duda, ese miedo constante a equivocarse, a no satisfacer enteramente, a ser tasada, criticada y devaluada, a expresarse y ser malinterpretada, a expresarse, punto.

Mujeres que acceden a un trío por miedo a que su negativa las lleve a perder a su pareja. Mujeres que no se atreven a decir que se les antoja un trío por miedo a que la pareja se sienta agredido y las juzgue y las deje. Mujeres a quienes ofende que sus parejas gusten de la pornografía. Mujeres a las que mirar en secreto pornografía las estimula e inspira. Mujeres que guardan su pasado y sus fantasías. Mujeres que exteriorizan ambos y se arriesgan a ser temidas, insultadas, incomprendidas. Mujeres tan pendientes y, a la vez, tan inconformes con sus formas, que se privan de mirarse, de sentir y de sentirse. Mujeres que se desmelenan, mujeres que se contienen en la medida de otro. Insisto, no hay recetas.

Quizá lo más sensato sea aceptar esa zona oscura que también nos conforma, ir a su génesis, abrazarla y entenderla, para después restarle peso y así no nos sea tan determinante ni rija nuestra vida o la de otros. Sirva como ejemplo el caso de una madre que, por miedo a que su esposo perdiera la cordura, no se atrevía a decirle que su cuñado acariciaba a sus dos hijas para estimularse sexualmente. “Si se entera, es capaz de matarlo”. Los miedos no sólo amenazan con paralizarnos sino también pueden hacernos cómplices de nuestra insatisfacción, de nuestro conformismo, del daño consciente o inconsciente a los demás.

El plano inclinado (Sobre el sexo…) 

Más aforismos de Ricardo Nicolayevsky 

34. La lujuria se esconde bajo el pesado cuerpo de la culpa. 

35. Las nalgas recuerdan vivencias que el cerebro niega. 

36. El deseo estima lo que la frigidez congela. 

38. La espera sazona la duración del orgasmo. 

42. Para encontrar la medida, tenga a la mano algo más que su propio miembro. 

45. El sexo es el lugar donde se desnuda el cuerpo. 

46. La mano suaviza lo que el deseo endurece. 

48. Las proporciones de la belleza se distinguen mejor a oscuras. 



Fuente: http://blogs.eluniversal.com.mx



sábado, 2 de febrero de 2013

Tenemos miedo por Rose Mary Espinosa

Es posible hacer el mejor esfuerzo, confiar y esperar a que los servicios de peritaje e inteligencia terminen de esclarecer las causas de la explosión ocurrida en el edificio B del complejo de Petróleos Mexicanos.

Lo que es más difícil, sino imposible, es, en el ínter, saberse presa de la incertidumbre y el riesgo, factores irremediables del miedo y la inseguridad.

La indestructibilidad es una ilusión. Si una de las edificaciones más emblemáticas y resguardadas de esta ciudad, de este país, ha sido, por los motivos que habrán de conocerse, vulnerada, no se puede pedir lo imposible. El boquete en el sótano, la planta baja y el mezzanine de la unidad, exhibe no sólo estructuras desgarradas sino rutinas de trabajo interrumpidas, vidas detenidas y arrebatadas…

Aun cuando haya quienes nos tachen de alarmistas, es casi inevitable asociar esas imágenes y su impacto con referentes anteriores: desde los atentados contra las Torres Gemelas hasta los sismos de 1985. De alguna manera, son referentes tan espontáneos e inmediatos que no tendrían que ser ofuscadamente negados o censurados. Reviven nuestras heridas y, mucho más allá de cuánto nos recuerdan la invulnerabilidad de las grandes estructuras y símbolos de nuestra nación, duelen…

Duelen por cuanto remiten al día con día: la vida segada de personas mientras se encontraban en sus puestos de trabajo, minutos antes de la hora de la comida y el cambio de turno, previo pasar por los minuciosos retenes de, valga la paradoja, seguridad.

Por el desasosiego de los familiares que temen lo peor y, tras una búsqueda exhaustiva y frenética, lo confirman, y se sienten mancillados por el estado de los cuerpos una vez que acuden a identificarlos: ensangrentados, con las incrustaciones de vidrios o esquirlas...

O por la falta de certezas de quienes recibieron alguna señal por parte de algún ser querido que se encontraba atrapado y es la hora que no han vuelto a establecer contacto ni saben nada más.

Cuando Zygmunt Bauman habla de los terrores de lo global se refiere al fantasma de la vulnerabilidad que “planea sobre el planeta”:

Todos estamos en peligro y todos somos peligros para los demás. Sólo hay tres papeles posibles que representar: el de perpetradores, el de víctimas y el de “daños colaterales.

¿Dónde nos encontramos?


NOCTURNINOS
El jueves 31 se transmitió la última emisión del programa Nocturninos, noticiario y revista, que, desde 2008, se transmitió por canal 52mx de Multivisión. En abril de 2009, me incorporé como colaboradora en la sección de Sexualidad que, meses después, se convirtió en el Consultorio Sexual de la Dra. Rose Mary... Y, aun cuando desde un principio la encomienda se antojo fascinante, jamás imaginé lo mucho que aprendería y descubriría a partir de las dudas y preguntas de quienes, valientemente, compartieron sus historias conmigo. Fue un intenso y vigoroso torrente de sueños, fantasías, miedos, vergüenzas, secretos, incongruencias, heridas, historias ocultas, dudas de vida o muerte... Cuánta valentía, cuánto ánimo por conocerse a sí mismos, cuánta voluntad de exponerse, aun desde la falibilidad y el temor... Gracias, siempre, por la confianza, por la voluntad,por el ímpetu de hablar conmigo del tema de temas y del tabú de tabúes.


Rose Mary Espinosa
Fuente: http://blogs.eluniversal.com.mx