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lunes, 25 de agosto de 2014

Mi bebé y yo... jugando con papá

Sabemos que el bebé desde el momento de estar en el vientre, al momento de amantar y en diferentes momentos de la vida, está en estrecha relación con la madre, lo que favorece el fortalecimiento del lazo afectivo con ella. En esta ocasión, veremos de qué manera podemos promover esta estrecha relación también con papá.

El vínculo entre papá e hijo puede comenzar a establecerse desde antes del nacimiento, con la cercanía y voz del padre, ya que desde el vientre materno el bebé podrá percibirlo. Al nacer, necesita, además de comida y aire; cariño, cercanía y atención por parte de sus padres para sentirse completo.

Una de las primeras actividades que pueden realizar juntos es el masaje infantil. Al brindarle estimulación por medio de masajes y caricias se fortalece el lazo afectivo entre padre e hijo, ya que se liberan endorfinas, oxitocina y prolactina (encargada de la producción de leche) y facilita la creación de la conducta maternal. No sólo se desprende de la madre, sino también de otras personas que entran en contacto con el bebé.

Además, al realizar masaje a tu hijo estarás estimulándolo, él o ella aprenderá y tú aprenderás a conocerte y a conocerlo. Igual de importante que la comida, el sueño y el aire, son los cuidados y caricias que el niño recibe para su desarrollo global. Si se le brindan atenciones afectuosas y el bebé lo percibe de esta manera, se está dando el primer paso para una buena relación entre ambos.

¡Anímate! Realiza masaje a tu bebé, lo estimularás, relajarás, compartirán tiempo juntos y se comunicarán.

¡Juega, ríe, involúcrate!

Ana Lucía Penagos
Estimulación Infantil
Magister en Psicomotricidad y Rehabilitación cognitiva Magister en Autismo en Intervención Psicoeducativa


jueves, 5 de junio de 2014

Papá, piel a piel

Siempre me gusta añadir un artículo para mis amigos hombres papás que leen los artículos y hacen muchas preguntas por la radio, los felicito porque siempre quieren estar a la vanguardia en lo que a paternidad se refiere y me encanta que busquen conocimiento.

Hemos estado platicando sobre establecer entre la madre y el neonato-bebé, contacto piel a piel desde lo antes posible, pero este sistema ofrece tantos beneficios que sería muy egoísta no quererlo compartir con papá.

¿Se han dado cuenta de que cuando entra papá a casa y toma al bebecito, éste casi inmediatamente se calma (por si estuviera llorando), se relaja y muchas veces hasta se queda profundamente dormido? Y eso que muchas veces papá lo carga con cierto temor, máxime cuando es el primer hijo y no se tiene mucha experiencia manipulando críos tan chiquitos. Pero eso no es excusa para que no lo hagan.

El que tengas a tu bebé desnudo, (quizá en pañales) recostado contra tu pecho también descubierto, le proporciona un estimulo prematuro táctil, también estimula su sistema auditivo y de movimiento, acelera el aumento de peso debido a que el chiquitín está más relajado y mamará más y mejor; además, como ya les había dicho en otras oportunidades, favorece su adaptación a la vida extrauterina.

Papá puede ayudar principalmente cuando mamá se ve un tanto limitada (debido a que fue sometida a una cesárea o por razones prácticas o médicas). Puedes aprovechar el tiempo en el que mamá se está preparando para iniciar el día, (mientras se ducha o arregla) para acoger a tu hijo en tu pecho y transmitirle calor, protección y afecto. Disfrutarás un tiempo especial mientras mamá regresa para poder acogerlo ella en su regazo.

Espero que estés acompañando a tu pareja a las consultas con el médico ginecólogo. Si no lo has hecho, me gustaría que programaran una cita juntos y le preguntaras si es posible hacer el "piel a piel" con mamá cuando el parto sea normal y si te permitirían a ti hacerlo en caso de una cesárea. Sé que hay médicos muy accesibles al bienestar de los pequeños y además comprenden que en ese momento el instinto materno es tener cerca a su bebé. Pero si fuera necesaria la cesárea, que te permitieran a ti, papá, hacerlo. Así que anímense a preguntar.

Me alegraría mucho que ustedes, papás, se animaran a tener el contacto piel a piel con su bebé, en definitiva es una experiencia beneficiosa para quienes lo puedan practicar, esperaría que muchos papás se animen y muchos bebés se vean favorecidos con este sistema que provee efectos positivos.

Cuéntenme sus experiencias, hagan preguntas y generemos conocimiento entre todos.

Ileana Páez-Hanser
Psicología Perinatal
Licda. Psicóloga Clínica
Especialización en Psicología Perinatal

martes, 3 de junio de 2014

La pérdida de un bebé (parte 3)

Hasta ahora hemos visto que cuando se pierde un embarazo, pueden darse varios momentos: el momento de choque y el momento de nostalgia. Ahora veremos nuevas circunstancias por las que también se atraviesa en estos momentos:

Momento de Desorganización:

Por lo general, después de vivir esta experiencia tan fuerte, la pareja no tiene deseos de salir, se retiran de los amigos y la familia, pueden desarrollar síntomas de depresión como tristeza, apatía, disminución del apetito y de la autoestima, tienen dificultad para realizar rutinas diarias, la culpabilidad puede acrecentarse debido a la incapacidad de salir adelante, los síntomas fisiológicos también se acentúan y la persona puede llegar a ocultar su depresión tras enfermedades físicas.

Se vuelve imprescindible el apoyo psicosocial, familiar y espiritual para poder superar la pérdida, este momento puede durar un poco más allá del año así que habrán fechas que causen dolor como el aniversario del suceso, las vacaciones, fechas significativas como el día de la madre o del padre que incluso pueden causar tristeza durante muchos años después.

La recomendación siempre es a buscar ayuda; hablar y ponerle palabras a las emociones es liberador y sanador. Conforme van pasando los días y semanas, va volviendo la calma y este momento se debe aprovechar para hacer un recuento de lo que se ha aprendido, lo que se ha superado y también para volver a situar metas a corto, mediano y largo plazo. Éste es el momento del reajuste.

Momento de reajuste:

Inicia cuando la pareja empieza a aceptar la muerte de su hijo, gradualmente van teniendo un reajuste emocional. Éste proceso se caracteriza por que las personas poco a poco empiezan a llevar una vida normal, vuelven a las rutinas previas y empiezan a hacer planes para el futuro. No quiero que piensen que ya no recordarán al bebé que esperaban, el amor que sentían por ese bebé no ha cambiado pero los padres han aprendido a incorporar en sus vidas la pérdida y cómo les digo, poco a poco van recuperando el deseo de salir adelante, dejar atrás el dolor.

Todos estos procesos no se pueden alterar, es importante de vivir cada uno y cada persona tiene su propio tiempo para salir de ellos, tampoco se pueden acelerar, la duración varía según la personalidad de cada quien pero se puede hablar de entre 18 a 36 meses. Les recuerdo que el apoyo que reciban las parejas por parte de los amigos y la familia es importante y la asistencia de un equipo de salud servirá para que el proceso sea menos duro. Un profesional en psicología es muchas veces necesario.

Es imprescindible un apoyo psicosocial y espiritual para superar una muerte perinatal, muchos médicos o asistentes de salud e incluso muchas personas alrededor de la pareja, no creen que así sea puesto que no tuvieron "relación" con el feto que murió, pero como decía en uno de los artículos anteriores, la pareja ha formado en vista de este embarazo esperanzas y anhelos que se pierden y por supuesto que han empezado a sentir amor por el bebé. Es crucial un apoyo constante de compasión y empatía para superarlo.

Ileana Páez-Hanser
Psicología Perinatal
Licda. Psicóloga Clínica
Especialización en Psicología Perinatal

La pérdida de un bebé (parte 2)

Hay temas de los que no nos gusta hablar porque resulta muy doloroso o da mucha pena, pero es importante que sepamos que mientras guardamos más las cosas, más difíciles son de resolver y luego las repercusiones inundan muchos ámbitos de la vida diaria haciendo estorbo para tener mejor calidad de relaciones interpersonales, pudiendo llegar a dañar incluso nuestra autoestima. Por eso, en Psicoperinatología vemos la importancia de ventilar temas como la pérdida de un bebé que no ha nacido, de un feto. Un tema que incluso no se le ha dado el valor que tiene por creencias erróneas. En estos artículos trataré de abordar de forma breve, las fases o como les llamo personalmente, "momentos" que suelen vivirse luego de una pérdida de este tipo.

Estos momentos son:

  • Momento de Choque
  • Momento de Nostalgia
  • Momento de la Desorganización Emocional.
  • Momento del Reajuste
  • Momento de Superación.
Si tú o alguien cercano ha tenido una pérdida y se identifica en alguno de estos momentos, es importante que sepas en primer lugar que se puede salir adelante, que si se considera necesario platicar con alguien sobre lo que se está sintiendo es bueno que se busque con quien hacerlo y mejor si es un profesional de la salud mental. Recuerda que cada proceso es diferente y aunque puedas ubicarte en una de las etapas o momentos, necesitas que tu proceso continúe para elaborarlo de la mejor manera.

Cuando una chica viene a la clínica para resolver sus temores en cuanto al embarazo, es muy común escuchar que también tienen temor de perder al bebé, algunas veces ya les ha sucedido y por eso es que se deciden a platicar del asunto.

Primero entendamos que la pérdida de un embarazo es la muerte de un nonato en cualquier momento de la gestación. Muchos suceden tan temprano, que la madre ni siquiera sabía que estaba embarazada, algunos embarazos ya confirmados se pierden durante el primer o segundo trimestre de la gestación y son muy pocos los embarazos que se pierden después de la semana 16. Pero no hay que descartar la posibilidad.

Afortunadamente, la mayoría de las pérdidas de embarazos son eventos aislados, lo importante a recordar es que las familias, parejas o la madre que ha recibido apoyo emocional y se ha sentido compadecida, suelen manejar mucho mejor el tiempo de duelo y estará más preparada para ir asimilando el suceso, si además han recibido acompañamiento psicológico, estarán más capacitados para incluso enfrentar otros temas como la ira y la culpa que genera una situación así.

El trato del personal de salud y una asistencia psicológica inmediata permite que la pareja pueda llorar, despedirse de su bebé y no perder la serenidad; la oportunidad de decir adiós por última vez es muy importante para una mejor recuperación en todo sentido, emocional, psíquico y físico.

No hay una frase adecuada que pueda consolar el dolor de los padres en ese momento que se siente como una crisis vital; muchas veces es más efectivo el contacto físico, un abrazo, una caricia, incluso el silencio es mejor compañía, pero nunca la indiferencia ni la frialdad; pensar que "pronto va a pasar" es atentar precisamente a lo que se espera, dejar a los padres y familiares sin respuestas, provoca un impacto mucho más fuerte en relación al tiempo de recuperación del duelo.

Cómo siempre les dejo una pequeña recomendación: Busquen ayuda profesional, en las consultas privadas suelen darse herramientas para sobrellevar el duelo. Y al valioso lector de personal de salud, les encomiendo la difícil pero inestimable labor de ser solidarios y afectuosos con las familias que atraviesan esta situación.

Ileana Páez-Hanser
Psicología Perinatal
Licda. Psicóloga Clínica
Especialización en Psicología Perinatal

martes, 18 de junio de 2013

¿En qué piensa un bebé?

En las primeras etapas después de nacer, la conciencia de un bebé se encuentra en un estado que es todo sensaciones: no tiene la capacidad de pensar en el sentido de  razonar, memorizar conscientemente, reflexionar o enjuiciar. Quizás podría decirse que es más sensible que consciente.  Mientras duerme, el bebé es consciente de su estado de bienestar, al  igual que un adulto que duerme con su pareja es consciente de su presencia o ausencia. Cuando está despierto es mucho más consciente de su estado, pero de un modo que en un adulto se llamaría subliminal. En cualquiera de estos dos estados, es más vulnerable a su experiencia que un adulto, ya que no tiene ningún precedente con el que clasificar sus impresiones.
La falta de un sentido del paso del tiempo no supone una desventaja para un bebé intrauterino o para un bebé que esté en contacto con el cuerpo de la madre, simplemente se sienten bien; pero para un bebé que no esté pegado al cuerpo de la madre, el hecho de no poder mitigar cualquier parte de su sufrimiento mediante la esperanza- que depende de un sentido del tiempo- es quizás el aspecto más cruel de su terrible experiencia. De ahí que su llanto no pueda contener ni siquiera un vestigio de esperanza ya que actúa como una señal para encontrar alivio. Más tarde, a medida que las semanas y los meses van transcurriendo y la conciencia del bebé aumenta empieza a sentir un indicio de esperanza y el llanto se convierte en un acto asociado a un resultado, ya sea negativo o positivo. Pero la aparición de un sentido del tiempo a penas de ayuda a que las largas horas de espera sean más llevaderas. La falta de una experiencia anterior hace que el tiempo le resulte intolerablemente largo a un bebé que esté en un estado de anhelo.
Incluso años más tarde, cuando aquel niño tenga cinco años la promesa hecha en el mes da agosto de regalarle una bicicleta en navidad le resulta tan satisfactoria como no prometerle nada. A los diez años el tiempo se ha reorganizado en vista de la experiencia hasta el punto de que aquel niño puede esperar de una manera más o menos agradable un día para recibir algunas cosas, una semana para obtener otras, y un mes para algo muy especial, pero un año sigue sin tener demasiado sentido para él en cuanto a mitigar su deseo, y la realidad presente contiene una cualidad absoluta que dará paso solo después de experimentar muchas otras experiencias a un sentido de la naturaleza relativa de los eventos según la propia escala del tiempo. Solo a los cuarenta o cincuenta años, la mayoría de  la gente tiene alguna perspectiva de la verdadera dimensión de un día o de un mes en el contexto de toda un vida mientras que solo algunos pocos gurús y octogenarios son capaces de apreciar la relación entre los momentos o la vida de uno y la eternidad al comprender plenamente la irrelevancia del arbitrario concepto del tiempo.
Un bebé- como un gurú iluminado- vive en el eterno ahora. El bebé que está pegado al cuerpo de su madre- el gurú- viven el ahora en estado de beatitud; en cambio, el bebé que no está en contacto con el cuerpo de su madre lo vive en un estado de un vivo deseo insatisfecho en medio de un inhóspito universo vacio. Sus expectativas se mezclan con la realidad, y las expectativas innatas y ancestrales son recubiertas- en vez de ser cambiadas o reemplazadas- por las expectativas basadas en su propia experiencia. Cuanto más diverjan estos dos grupos de expectativas, más alejado estará de su potencial innato de bienestar.
Texto extraido de:
M. Liedloff; (2003). El concepto del continuum. En busca del bienestar perdido. Tenerife: Editorial OB STARE)
Fuente: Padres en apuros 

lunes, 17 de junio de 2013

Cómo interpreta el mundo un bebé

  • El bebé, en su simplicidad psicológica, es como una planta que acaba de nacer y, al comienzo, sus sentimientos se hallan a un nivel muy básico.
  • Un bebé experimenta sentimientos globales de desconsuelo o satisfacción, de molestia o bienestar, pero procesa estos sentimientos sin complejidades ni matices, ya que aún no posee la capacidad mental para procesar informaciones complejas.
    • Pero mientras se apoya en los adultos para manejar las situaciones que se le presentan en un intento de disminuir las molestias y aumentar el bienestar, va entrando, poco a poco, en el mundo que le rodea. Vive en un ambiente donde hay personas.
  • El   bebé tiene una visión de lo que ocurre a su alrededor, y le llegan sensaciones olfativas y sonidos que cambian constantemente durante el día, la noche, etc., y a medida que ello ocurre comienzan a formarse ciertos patrones de funcionamiento. Poco a poco el bebé comienza a reconocer las características más estables de lo que le rodea  las almacena en forma de imágenes.
    • Puede tratarse, por ejemplo, de la imagen tranquilizadora de la madre que entra sonriente en su habitación cuando el bebé está llorando en la cuna, o puede tratarse de una imagen perturbadora, de cara hostil que se acerca.
    • El significado de estas situaciones se va estableciendo cuando el bebé comienza a darse cuenta de si la madre, cuando entra por la puerta, muestra placer o malestar.
    • Las emociones primitivas tienen mucho que ver respecto a si se rechaza a las personas o, por el contrario, se las atrae para estar más cerca, y estas imágenes se convertirán en expectativas respecto al mundo emocional en el que el bebé vive, expectativas que le ayudarán a predecir qué ocurrirá en la próxima situación, cómo responder de la manera más adecuada.
( Fragmento extraido de: Gerhardt, S.; (2004). El amor maternal: La influencia del afecto en el desarrollo mental y emocional del bebé. Barcelona: Editorial Albesa, S. L.)
Fuente: Padres en apuros

miércoles, 20 de febrero de 2013

Cómo contarles a tus hijos de dónde vienen los bebés

Tarde o temprano tus hijos te preguntarán de dónde vienen los bebés. Alrededor de los 3 ó 4 años, posiblemente ya comiencen a preguntar, sobre todo si tú estás embarazada del siguiente.

¿Cómo responder?

A los 3 ó 4 años: Dales una respuesta lo más sencilla y honesta que puedas. Lo más simple es contarle que papá planta una semilla dentro de mamá y que el bebé crece dentro de ella.

Según vaya haciéndose más mayor, podrás elaborar sobre tu respuesta inicial y explicarle las cosas con más detalle.

Entre 5 y 7 años: Dependiendo de si tienen hermanos mayores o menores, y de lo que les cuenten otros niños en la escuela, pueden venirte con más preguntas.

Los niños son muy curiosos y mientras que cuando eran más pequeños se conformaban con lo primero que les dijiste, ahora querrán detalles.

Algunas preguntas o dudas que te pueden plantear:

  • ¿Los bebés salen por el ombligo?
  • ¿Si dos personas se besan, puede ella quedar embarazada?
Responde con naturalidad y explícales cosas acordes a su edad. A los 7 años muchos niños ya saben que los hijos salen por la vagina, aunque no tengan muy claro el proceso exacto.

Aclara sus dudas, porque de lo contrario, seguirán preguntando a sus amigos y se harán ideas equivocadas.

Entre los 8 y 11 años: Es cuando suelen aprender acerca de la copulación. Si no se lo enseñan en la escuela, quizá lean algún libro donde lo explique o bien algún amigo se lo cuente.

Cuando te pregunten, no te pongas nerviosa y simplemente explícales que es algo natural, que hacen los animales y los seres humanos.

Diles que seguramente ahora no comprenden por qué alguien querría hacer algo así, pero que cuando sean más mayores lo entenderán.

Cuando son adolescentes: Si piensas que evitar el tema del sexo impedirá que tus hijos lo practiquen, no es así. Hablar de sexo con tus hijos adolescentes en la casa ayudará a que si alguna vez tienen alguna duda, se sientan cómodos preguntándote y confiando en ti.

Sé natural y habla con ellos de los anticonceptivos, de la protección contra enfermedades venéreas y de la importancia de tomar precauciones.

Con tus hijas, habla de la menstruación, por qué ocurre y cómo se produce. Ayúdate de material escrito si es necesario. No les fuerces a conversar si no quieren, pero busca la manera de sacar el tema, por ejemplo cuando estás con ellas en el auto, mientras cocinas o antes de dormir.

A cualquier edad

Busca libros que hablen de la reproducción sexual que sean adecuados para la edad de tu hijo. Leedlos juntos para comentarlos y poder responder a cualquier duda adicional.

Recuerda que el sexo es algo natural y no debería ser tabú ni considerarse algo malo o prohibido. Cuanto más evites el tema, más se preguntarán y procurarán descubrir por su cuenta. Si tú se lo cuentas, tendrás control acerca de lo que tu hijo aprende. Si esperas a que lo aprenda de otras fuentes, no sabes qué ideas erróneas puede hacerse.


Lorraine Ladish

viernes, 18 de enero de 2013

¿Qué espera el bebé de sus padres?

El recién nacido es un ser completamente desvalido, que depende por entero de sus padres. Sin nuestras atenciones y afecto no podría sobrevivir. Para que nuestro hijo crezca seguro y confiado, debemos darle lo que necesita en cada momento.

Responder a las demandas de nuestro bebé alimenta en él un sentimiento de confianza, que se va consolidando a lo largo del primer año y es de vital importancia. Si el niño puede confiar en las personas que lo cuidan, no verá el mundo como un lugar amenazador y aprenderá a confiar también en los demás. Pero… ¿cómo saber qué espera de nosotros?


Hay que estar a su lado
El bebé necesita a alguien junto a él, que sea sensible a sus demandas y le transmita cariño y seguridad. Y esta persona suele ser la madre.
  • Con la madre existe un fuerte vínculo afectivo, que se establece incluso antes del nacimiento. Si la relación con mamá es estrecha y sólida, el bebé se siente protegido, y se vuelve confiado.
  • La madre puede afianzar ese vínculo de seguridad con su actitud hacia el niño: acariciándole cuando llora o devolviéndole la mirada cuando él la mira. Estas pautas quedan grabadas en la memoria del bebé: "Soy importante para mi mamá".
  • La dedicación de la madre intensifica la relación. Si es quien más tiempo pasa con el niño, no es raro que sea en ella en quien más confíe él. Por eso, si necesita consuelo y ambos padres están disponibles, suele preferir los brazos maternos (y hay que respetarlo). Esto no significa que el bebé no confíe en papá. Si se deja consolar por él cuando mamá no está, es señal de que también existe un fuerte vínculo con el padre.
  • Que el niño necesite a alguien a su lado no implica que la madre deba estar con él las 24 horas del día. Durante años, los psicólogos insistieron en que los niños requerían, especialmente en el primer año, una única persona de confianza. Pero hace tiempo que esta idea ha sido desmentida. Los bebés asumen sin problemas, y hasta con agrado, que varias personas se ocupen de ellos (aunque es preferible que no sean más de tres). Lo que hacen es desarrollar vínculos de distinta calidad, distinguiendo entre figuras muy cercanas (mamá, papá) y otras más lejanas (el abuelo, la tía, la canguro...).
  • Lo que sí perjudica (y confunde) al bebé es cambiar constantemente de cuidadores.
Actuar de inmediato
A un recién nacido hay que atenderlo de forma rápida y eficaz. Y eso requiere saber interpretar su lenguaje.
  • Las necesidades de un bebé no se pueden aplazar. Si está hambriento, tiene frío o está asustado, hay que poner remedio sin dilación. Es la mejor manera de demostrarle que puede fiarse de sus padres, porque están ahí cuando los necesita. La teoría de que hay que dejar llorar a los niños, porque si no se malcrían, no tiene fundamento. Cuando un recién nacido llora, sea cual sea el motivo, hay que acudir enseguida y ofrecerle el consuelo que precisa.
  • Cuando un niño llora, está diciendo que algo le pasa, el problema es que muchas veces no es fácil adivinar qué. Al principio hay que esforzarse en descifrar el llanto, observando y escuchando lo que pide en cada momento. «¿Tiene hambre, sueño o, tal vez, el pañal mojado?».
  • Con el tiempo, los padres distinguen los tipos de llanto. Y eso es importante. Pero no hay que sentir remordimientos por interpretar mal el llanto alguna vez. No va a trastocar la confianza que el bebé tiene en nosotros.
  • A veces, el niño ha comido bien, ha dormido, está seco... y no deja de llorar. El recién nacido también puede protestar porque se siente solo y reclama a mamá: el contacto corporal es tan importante y vital como el alimento. Las necesidades del bebé no son solo físicas, sino también afectivas. Necesita un ambiente cálido y acogedor con muchas, muchas muestras de ternura.
Guardar la calma

Para el niño es tranquilizador que sus padres sean capaces de mantenerse serenos en los momentos difíciles.
  • En ocasiones, cuando el bebé se siente mal, lo único que necesita es una persona que esté con él y conserve la calma. Alguien que le tenga en brazos mientras llora o que se siente junto a su cuna y se quede allí, en silencio, acariciándole la cabeza. Eso le tranquiliza mucho.
  • El problema es que cuando un bebé llora desconsoladamente y los padres no saben cómo apaciguarlo, es habitual que se desesperen y acaben perdiendo los nervios. Entonces, en lugar de ternura y afecto, el pequeño recibe una demostración de enfado: por haber interrumpido el sueño de sus padres, por la impotencia que da no saber qué hacer.
  • El bebé percibe el cambio. Aunque no comprenda el significado de las palabras, nota que el tono de voz es distinto, que la actitud no es tan cariñosa como siempre... Pero eso no le hace perder la confianza, pues reconoce la situación como un desliz. De hecho, si en algún momento de la misma noche vuelve a necesitar a sus padres, los reclamará de nuevo y se dejará consolar sin tener en cuenta la reacción anterior.
  • Lo ideal sería que los padres siempre se mostraran comprensivos y pacientes. Pero, si excepcionalmente no lo hacen, no deben culpabilizarse por no comportarse como el bebé espera.
Respetar sus deseos

Cumplir sus expectativas también implica saber reconocer cuándo desea que le dejen en paz.
  • El exceso de estímulos molesta a los bebés. Los recién nacidos son muy sensibles al exceso de luz, ruidos... y envían señales claras. Por ejemplo, vuelven la cabeza cuando no quieren recibir carantoñas o empiezan a llorar si se les mira con insistencia a los ojos. Ser sensibles a sus necesidades conlleva estar atentos a estas reacciones y actuar en consecuencia.
  • Estar siempre cerca, saber escuchar, tener paciencia, ser afectuosos, derrochar comprensión, transmitir seguridad... a veces requiere un enorme sacrificio. Pero merece la pena. Lo que se consigue en este periodo tiene repercusión en el resto de la vida.
  • Los bebés que crecen sintiéndose seguros y confiados, después son niños independientes.Además, pueden concentrarse mejor, juegan con más fantasía, se relacionan más fácilmente con otros niños y desarrollan un elevado sentimiento de autoestima.
Fuente: http://www.serpadres.es