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lunes, 3 de marzo de 2014

7 hábitos para ser una mamá feliz. Para disfrutar de la maternidad, cuídate y cultiva tus relaciones


1. Acepta que no eres perfecta

Si estás cansada, puedes saltarte párrafos o incluso páginas enteras cuando leas un cuento a tu hijo antes de dormir. ¡Nadie te vigila!

Tampoco pasa nada porque una noche tu hijo no se bañe o por servir un plato pre-cocinado en lugar de hacer una comida casera.

Eres humana y tus hijos te quieren porque eres su mamá, no porque seas perfecta. Lo mejor para ellos es que seas una mamá feliz.

2. Siéntate o túmbate en el piso a jugar

Los bebés y niños de corta edad disfrutan teniéndote a su altura. Procura pasar tiempo cada día sentada o tumbada en el piso con tus pequeños, ya sea leyendo libros, jugando o relajándote con ellos.

Procura dedicarles toda tu atención en esos momentos, y así cuando tengas que hacer otras cosas no te sentirás culpable.

3. Renuncia a tener la casa impoluta

Es prácticamente imposible tener todo reluciente y perfectamente organizado cuando tienes niños pequeños. Es preferible dedicar tu tiempo libre a tus hijos que a limpiar, aunque con algunos trucos de limpieza la labor doméstica te resultará más fácil.

4. No tengas prisa en que tus hijos crezcan

Sobre todo con el primer bebé es frecuente desear que crezca deprisa. Quieres que tu bebé gatee pronto, sueñas con el momento en que diga sus primeras palabras y con el día en que sea capaz de comer alimentos sólidos. Luego deseas que camine ya, que monte en bicicleta, que nade y así hasta que es adolescente y de pronto te encuentras con que tiene novia y añoras sus primeros años de vida.

Disfruta cada etapa de su crecimiento porque es única e irrepetible.

5. No olvides a tus amigas

No te limites a relacionarte con tus amigas que también son mamás. Procura mantener el contacto también con las que no tienen hijos. Así podrás hablar de cosas diferentes y no perder tu identidad. Usa las redes sociales en Internet y el teléfono, pero no te limites al contacto virtual. De vez en cuando pide a tu pareja, a tu suegra o a una canguro que cuide de tus hijos para poder salir con tus amigas.

6. Cuida tu relación de pareja

No permitas que tus quehaceres y el cansancio hagan que te distancies de tu pareja. Procura ser cariñosa, tener buena comunicación y pasar tiempo juntos. Además de reforzar vuestra relación, los niños cuyos padres se muestran cariñosos, comunicativos y cómplices se sienten más seguros.

7. Encuentra tiempo para ti

No te sientas mal por desear dormir la siesta, ponerte una mascarilla o leer un libro. Permítete hacerlo y comprobarás que después tienes más energía para dedicarte a tus hijos. Si te esfuerzas en encontrar tiempo para ti, serás una mamá más relajada y feliz.


Lorraine Ladish

sábado, 22 de febrero de 2014

Amo a mamá y odio a papá: complejo de Edipo

El niño que se enamora de su madre cree que ella le pertenece y que compite con su padre por su cariño. Para resolver este conflicto se deben establecer roles familiares que ayuden a la madurez del infante.


Cuenta la mitología que cuando nació el hijo de Laios (rey de Tebas) y Yocasta, un oráculo (profeta) reveló que éste daría muerte a su padre y se casaría con su madre. En el intento por evitar tan terrible designio, los padres abandonaron al recién nacido, llamado Edipo, quien años más tarde cumpliría fatalmente su destino, sin saberlo.

El mito de Edipo fue retomado por Sigmund Freud (1856-1939), médico vienés quien es reconocido como padre del Psicoanálisis, para explicar parte del comportamiento del ser humano.

De esta forma, fincó su teoría de la personalidad sobre el desarrollo sexual de cada individuo, para lo cual realizó investigaciones en niños y adultos, estableciendo que desde la más tierna infancia los pequeños son seres sexuales, tomando como ejemplo lo que él denominó complejo de Edipo, problema que inicia entre los 3 y 6 años de edad, cuando el niño descubre su propio sexo, el opuesto y el de sus progenitores.

Las teorías de Freud han cumplido ya 100 años, tiempo en que sus postulados han sido retomados por otros investigadores, quienes han ahondado en sus conceptos. De esta forma se conoce que la identidad femenina o masculina del niño será definida por el núcleo familiar, donde la madre es la responsable de señalarle al hijo qué tipo de hombre desea, y viceversa en el caso de padre e hija.

El complejo de Edipo se funda en complacer o cumplir las expectativas de los padres, por lo que el hijo busca unirse a la madre y permanecer a su lado como satisfactor de sus deseos. Así, el pequeño queda atrapado entre una serie de sentimientos encontrados, pues por un lado ama a su padre, aunque también lo ve como rival; por otro, se encuentra el amor que siente hacia su madre y la obligación de cumplirle sus deseos.

A su vez, la hija que ama a su padre (se llama complejo de Elektra) se convierte en rival de su madre, a la que imita para seducir a su padre; en ambos casos, acabarán por renunciar al objeto amado por miedo a perder el afecto de quienes les dieron la vida.

No obstante y frente a la imposibilidad de concretar el deseo, estos sentimientos de amor se graban en el cerebro del menor y se convertirán en el "motor" inconsciente que lo hará buscar afecto en las relaciones extrafamiliares, lo que se traducirá en una de las claves más importantes para poder autodesarrollarse con plena libertad.

El complejo de Edipo debería estar resuelto hacia los 7 u 8 años, pero es posible que en la pubertad vuelva a surgir. Llegado el momento, el adolescente se repetirá "con esa mujer no, búscate la tuya", o bien "una como ella, mas no ella", de forma que buscará en otras mujeres rasgos que encontró en su madre como satisfactores.

Resolver este conflicto requiere de comunicación plena entre los padres y que los roles de autoridad estén perfectamente establecidos, pues si la madre es excesivamente posesiva o el padre carece del mando suficiente confundirán al chico.

El trabajo de ambos progenitores debe encauzarse a que el niño cumpla sus propios anhelos y satisfactores, y promover que descubra cotidianamente las cualidades de su padre para que las admire y las imite. De esta manera, se conseguirá que el pequeño encuentre su lugar dentro de la familia y, por tanto, en la sociedad.

SyM - Regina Reyna

miércoles, 22 de enero de 2014

Madres de chicas adolescentes: consigue que vuestra relación no sea un desastre

La relación de las madres con sus hijas adolescentes es una de las más complejas que se viven a lo largo de la vida. Hay casos en los que todo va bien y no se presentan problemas pero eso no es lo habitual. Generalmente madres e hijas viven durante esa etapa momentos de tensión, discusiones continúas y enfrentamientos.

Es frecuente escuchar a madres de adolescentes que relatan que mientras sus hijas eran niñas todo fue perfecto entre las dos. Se llevaban bien, charlaban y había confianza en la relación pero al llegar la adolescencia, las hijas cambiaron radicalmente su forma de relacionarse con ellas y comenzaron a surgir los problemas. Ciertamente, esto es así en muchísimos casos. Las razones son varias y complejas y no provienen solo del paso por la difícil adolescencia de las hijas sino también de la etapa de su vida en la que están las madres.

Lo primero que hay que saber sobre esta difícil relación es que no tiene por qué ser así de difícil. Pueden usarse estrategias para que las cosas funcionen de otra forma, para que la relación sea mejor. Lo primero que deben hacer las madres es entender qué es lo qué está pasando, tanto lo que les sucede a sus hijas como, y más importante aún, lo que les está pasando a ellas mismas.

La mayoría de las mujeres con hijas adolescentes tienen edades que están en la cuarentena o en la cincuentena. Y eso quiere decir que, casi todas ellas, están pasando en ese momento por la menopausia. Y la conjugación de adolescencia y menopausia es complicada. Las dos provocan alteraciones en el humor, casi siempre producen también temor e inseguridad. Son los dos grandes cambios en la vida de una mujer. Cuando se juntan la menopausia de la madre con la adolescencia de la hija, pueden saltar chispas. Y aquí vamos a enseñarte a apagar esas chispas y a disfrutar de tu vida y de la tu hija sin alteraciones.

Qué hacer para evitar los conflictos
  • Tu hija se hace mayor. Un día de pronto, la que hasta hace nada era tu niñita aparece en el living con uno de tus vestidos, precisamente aquel con el que tú has lucido siempre tan juvenil y tan linda. Y ella luce más linda aún. Lo que sientes cuando ves a tu hija es, primero, una sensación de sorpresa porque descubres que tu niña se hace mayor y eso te alegra pero, a la vez, sientes cierta aprensión o casi enfado porque ella es más guapa y más joven. No te preocupes por que hayas tenido esos pensamientos, son iguales a los de miles de mujeres en esa circunstancia. Pero debes superarlos porque pueden haceros daño a ti y a tu hija. Debes analizar de dónde vienen. Lo primero que debes entender es que no tienen nada que ver con tu hija, se refieren exclusivamente a ti. Lo que te ha ocurrido es que has sentido que tu vida va hacia su final, que tu tiempo ya se acabó. Pero eso no es cierto, terminó una etapa de tu vida pero tienes otras por delante, tan emocionantes, llenas de posibilidades y gratificantes como las anteriores o más.
  • No compitas con tu hija. Algunas madres que tienen esa sensación de pérdida comienzan una competición con sus hijas. Intentan volver a ser jóvenes y analizan todo lo que hacen sus hijas desde esta posición. Es un error y una estupidez. No puedes competir con una adolescente. Afortunadamente, esa etapa de tu vida quedó atrás. Ahora eres una adulta madura. Y tu hija es una chica adolescente. Vive tu madurez plenamente aprovechando sus ventajas y deja de anhelar el tiempo pasado porque no va a volver.
  • Puedes seguir siendo una mujer sexy. No hace falta ser adolescente para sentirse guapa, sexy o inteligente. Puedes ser todo eso a tu edad o incluso, puedes serlo mucho más. En la madurez has superado ya los problemas de inseguridad, estás mucho más estable en tu trabajo, eres mucho más capaz de relacionarte con tu pareja y con tus amigos de manera más relajada y más sabia. Y todo ello puede darte muchas satisfacciones si no intentas ser lo que no eres.
  • Ten paciencia con tu hija. Se paciente, es cierto que la menopausia con sus alteraciones hormonales lo dificulta pero busca una solución para ello porque merece la pena que vivas esta etapa relajada y feliz. También ten paciencia contigo misma, quiérete y así demostrarás también mejor el amor que sientes por tu hija adolescente.
  • Haz memoria. Recuerda cuando tú eras como ella. Recuerda tus enfretamientos con tu madre. Seguro que no eran como los de tu hija contigo pero es muy probable que los hubiera. Seguro que también tú, como tu hija, tenías cambios de humor. Háblale a tu hija de tu adolescencia, seguro que podéis aprender juntas.
  • Disfruta de tu hija. Pasa tiempo con ella, sal y organiza actividades juntas, podéis salir de compras y divertiros con la moda, podéis buscar nuevos trucos de maquillaje, podéis leer, ver películas o viajar… Comparte también lo que te ocurre y ten siempre presente que ella es ella y tú eres tú. Y las dos tenéis aún una gran vida por delante para disfrutarla y compartir
Victoria Toro

viernes, 3 de enero de 2014

La sobreprotección

El reclamo de independencia que encierra la frase "yo solo" pronunciada por el pequeño, deseoso de valerse por sí mismo, es a veces poco entendida por los mayores quienes con su actuación impiden a los niños satisfacer esa necesidad.

Existen padres y abuelos que consideran una obligación hacerles todo a los hijos y nietos. Los preservan de las más mínimas dificultades y los muchachos crecen carentes de iniciativas, acostumbrados a que otros resuelvan sus problemas.

No se trata de dejar solos a los hijos, pero la función de los padres es guiarlos, no actuar por ellos, permitir su desarrollo de acuerdo con las posibilidades, edad y madurez que posean.

Cuando se estimula su sentido de autodeterminación y se les ayuda a vencer los obstáculos que en la vida se le presentan, los adultos contribuyen a la adaptación del pequeño a las exigencias del medio social con el cual él entra en contacto desde que nace.

La independencia constituye un proceso que demanda mecanismos de defensa que el propio niño va perfeccionando con sus vivencias, así deja de ser esa "personita" indefensa y desamparada, dependiente por completo de los adultos.

Si los padres y mayores no estimulan ese proceso y se comportan de una manera sobreprotectora, esta actitud redundará de forma perjudicial en la formación infantil, en su personalidad, carácter y los incapacitará para desenvolverse en la vida.

Como resultado de ese proceder erróneo se manifiestan conductas críticas de aquellos menores que fueron educados en una urna de cristal y por lo general no se adaptan al círculo infantil o a la escuela.

Hay casos que incluso requieren la ayuda de un psicólogo porque no asimilan los contenidos docentes y manifiestan actitudes negativas a causa de esa indefensión que sienten separados de los padres, quienes les prodigan mimos excesivos.

Lo más frecuente es que el adolescente cuya niñez transcurrió bajo la falda materna sea inseguro, temeroso y afronte grandes obstáculos que impidan su afirmación social, por eso es imprescindible evitar esos dañinos métodos de crianza.

No debe olvidarse que éstos repercutirán en problemas de personalidad y en la falta de éxito del joven en la vida, porque si la desatención y el desamor son altamente perjudiciales, también resultan muy dañinas las actitudes posesivas y sobreprotectoras.

Fuente: Todo para padres e hijos 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Seis consejos para ser una súper mamá, parte 1

La clave para conquistar a tus hijos está en combinar equilibradamente tu paciencia con tus ganas de reír, pero sin perder la autoridad. Busca momentos para estar con tus hijos.

Paciencia, ganas de reír y jugar, pero sin perder la autoridad. Esa es la combinación perfecta de cualidades que debes alcanzar para convertirte en una mamá muy divertida.

“Mi hijo de 14 años siempre les dice a sus amigos que soy \\'una mamá cool\\'. Sin embargo, a veces me pregunto si realmente lo soy”, comenta Mónica, de 40 años.

La maternidad, para muchas mujeres, es una de las etapas más importantes de la vida. Aunque hay momentos en los que el ser mamá puede convertirse en algo estresante, principalmente para las primerizas, pues suelen pensar —tal vez por inseguridad— que no son buenas madres. Sin embargo, no existe una receta perfecta que te diga cómo desempeñarte como madre.

Por eso, antes de emitir algún criterio sobre tu desenvolvimiento como mamá o hacer un juicio de valor, mejor pregúntales a los directos interesados, es decir a tus hijos.

El conocer qué es lo que ellos opinan de ti te ayudará a saber cuán buena mamá eres. Ahora, el ser una buena madre no siempre quiere decir que seas buena onda. Y si eso es lo que quieres ser, Mía te regala unos consejos que te harán mucho más divertida la tarea.

1 INVOLÚCRATE

EN SUS JUEGOS
Una mamá buena onda se involucra en las cosas de sus hijos, desde que son pequeños. Para ellos, es importante tener cerca a su mamá, pero qué mejor si ella se saca tiempo para jugar con ellos. “No es agradable una mamá que está todo el tiempo ocupada”, dice la sicóloga Susana Sáinz. Es importante brindarle tiempo, no basta que lo veas jugar fútbol desde la tribuna o veas cómo juega con sus amigos o amigas. Es mejor que tú busques un tiempo para divertirte con tus hijos.

Fuente:
Todo para padres e hijos

miércoles, 17 de julio de 2013

Palabras de mi Madre

Ven para acá, me dijo dulcemente mi madre cierto día.
(Aún parece que escucho en el ambiente de su voz la dulce melodía)

- Ven y dime qué causas tan extrañas te arrancan esa lágrima, hijo mío, que cuelga de tus trémulas pestañas como gota cuajada de rocío.

Tú tienes una pena y me la ocultas; ¿no sabes que la madre más sencilla sabe leer en el alma de sus hijos como tú en la cartilla?


¿Quieres que te adivine lo que sientes? ven acá pilluelo, que con un par de besos en la frente disiparé las nubes de tu cielo.

Yo prorrumpí a llorar. Nada le dije. - La causa de mis lágrimas ignoro, ¡ pero de vez en cuando se me oprime el corazón y lloro !...

Ella inclinó la frente pensativa, se turbó su pupila, y enjugando sus ojos y los míos, me dijo más tranquila:
- Llama siempre a tu madre cuando sufras, que vendrá; si está en el mundo, a compartir tus penas; y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago así cuando la suerte ruda, como hoy, perturba de mi hogar la calma, invoco el nombre de mi madre amada, ¡ y entonces siento que se me ensancha el alma !


Desconozco a su autor

lunes, 15 de abril de 2013

Los piropos más lindos

¿A qué mujer no le gusta recibir piropos? Por supuesto no hablo de los piropos vulgares y groseros que suelen soltar algunos hombres. Hablo de piropos lindos, que nos hacen sentir la mujer más hermosa del mundo.

¿Qué tal los halagos sinceros hacia la forma en que haces tu trabajo? También nos gusta recibir ese reconocimiento.

¿Y cuándo el piropo viene de alguien a quien amas?

Ultimamente he recibido algunos piropos hermosos, que han hecho que mi corazón salte de felicidad.
  • Eres lo que más quiero
  • Tú eres lo que me hace sentir feliz
  • Cuando estoy triste y me abrazas me siento mejor
  • Me gusta estar contigo
  • Eres lo mejor de mi vida
¿Te parecen simples? ¿No muy rebuscados? Sí, son piropos sencillos. ¿Sabes por qué me gustan tanto? Porque me los dijo mi hija de tres añitos.

¿Qué piropo lindo te han dicho tus hijos?

Roxy González 

domingo, 20 de enero de 2013

Síndrome de Alienación Parental

¡Mis hijos me odian!...“Llevaba tiempo proponiéndole a mi marido que nos separáramos ya que nuestra relación no funcionaba. Pero él nunca quiso aceptar la separación y amenazaba con quitarme a mis hijas. Al final, lo está consiguiendo, las niñas no quieren estar conmigo y he tenido que irme de casa porque no soportaba ver cómo me rechazaban”

Así habla una madre angustiada, cuya separación está destruyendo la relación con sus dos hijas. Su ex marido ha conseguido infundir odio en sus niñas hacia ella, acusándola de malos tratos, de romper la unidad familiar… Y, lamentablemente, este no es un caso aislado. En los últimos años, las separaciones conflictivas han hecho aparecer un grave problema: el Síndrome de Alienación Parental (SAP).

Programados para odiar a mamá

El SAP es un proceso que consiste en programar a un hijo para que odie a uno de sus padres sin que tenga justificación para ello. Normalmente esta situación se crea tras un divorcio o separación conflictiva, en la que el progenitor que se queda con la custodia de los niños proyecta sus odios personales hacia su ex pareja en ellos. A menudo, se recurre a mentiras y falsas historias que convierten al otro padre en un monstruo, llegando incluso a hablar da abusos sexuales o malos tratos.

“En septiembre de 2007 empezó mi pesadilla, cuando le expuse a mi marido que quería la separación. Desde el primer momento me acusó de malos tratos a mis hijas, les infundió odio hacía mi diciéndoles que soy una mala madre, que soy la culpable de la separación, que cuando eran pequeñas les pegaba… afirmación que obviamente no es cierta. Yo soy la que realmente se preocupa por su educación y él es el que las consiente, tratando así de confundirlas. Su padre llevaba ya meses manipulando a las niñas y yo cada vez las encontraba más extrañas: la pequeña, de 11 años, era muy madrera y su actitud empezó a cambiar, mostraba desconfianza hacia mí, y la mayor, de 15 años, me faltaba al respeto. Primero pensé que eran cosas de la edad, aunque veía extraño el comportamiento de su padre con ellas: él se lo consentía todo, y mientras yo les regañaba por sus comportamientos, su padre las cogía aparte para hablar con ellas y reprenderlas, según él. Pero siempre lo hacía sin estar yo presente, lo que me hizo sospechar. En realidad, les daba la razón a las niñas para quitarme mi lugar como madre y dejarme mal delante de ellas”.

El proceso puede tener como detonante que uno de los padres rehaga su vida sentimental o que el alienador sienta que ha perdido su lugar ante los hijos. Entonces el progenitor alienador se marca como objetivo alejar a la ex pareja de sus hijos y empieza a influir en ellos. Como consecuencia, los niños caen un conflicto de lealtades y no quieren dar la razón ni a uno ni a otro, lo que deriva en graves problemas emocionales para ellos.

Síntomas de alerta

El progenitor alienador sabotea la relación entre los hijos y el otro progenitor, hasta obstruir todo contacto padre-hijo o madre-hijo. Los hijos alienados tienen las mismas ilusiones que el progenitor alienador, en el procedimiento psiquiátrico llamado “locura a dos” (folie-à-deux o Trastorno de Ideas Delirantes Inducidas).

1. Campaña de denigración. Esta campaña se manifiesta verbalmente y en los actos.
2. Justificaciones fútiles. El hijo da pretextos fútiles, poco creíbles o absurdos para justificar su actitud.
3. Ausencia de ambivalencia . El niño está absolutamente seguro de él y su sentimiento exprimido hacia el progenitor alienado es maniqueo y sin equívoco: es el odio.
4. Fenómeno de independencia. Afirma que nadie lo ha influenciado y que ha llegado solo a adoptar esta actitud.
5. Sostén deliberado. El pequeño toma de manera pensada la defensa del progenitor alienador en el conflicto.
6. Ausencia de culpabilidad. No siente ninguna culpabilidad por la denigración o la explotación del progenitor alienado.
7. Escenarios prestados. Cuenta hechos que manifiestamente no ha vivido él, o que ha escuchado contar.
8. Generalización a la familia extendida. Extiende su animosidad a la familia entera y a los amigos del progenitor alienado.

Consecuencias para los niños

Como el SAP consiste en la continua manipulación de uno de los progenitores sobre su hijo para que deje de querer al otro progenitor –explica Francisco J. Fernández Cabanillas, presidente de la Asociación Nacional de Afectados del Síndrome de Alienación Parental (Anasap)-, este proceso tiene efectos demoledores sobre las criaturas. A corto plazo el niño crece en orfandad psíquica paterna o materna, en un ambiente de “secta fanática anti-papá o anti-mamá”. A largo plazo, llegan a odiar a ambos progenitores, al que alienta el odio y al receptor del mismo. Como el niño amputa psíquicamente una parte de sí mismo, la que se identificaba con el padre/madre alejado y atacado, obviamente se perjudica el desarrollo de su personalidad.

Ningún niño será capaz de llevar una vida normal a no ser que este "maltrato" se interrumpa. Estos pequeños son susceptibles de padecer una depresión crónica, un sentimiento incontrolable de culpabilidad y de aislamiento, trastornos de identidad y de imagen, comportamientos de hostilidad, y una falta de organización, entre otros problemas. A largo plazo, estos pequeños tendrán problemas de autoestima y de pérdida de seguridad emocional, una herramienta básica para que los seres humanos se desarrollen adecuadamente. Algunos, incluso han llegado a terminar con el problema suicidándose.

De hecho, en los en los hospitales públicos españoles, los servicios de Psiquiatría que atienden a los niños víctimas de SAP consideran este problema como una forma de maltrato infantil.

Un problema cada vez más frecuente

Según Fernández Cabanillas, este síndrome es cada vez más usual por varias razones: la fundamental es el incremento anual de la población infantil en riesgo debido al aumento de los divorcios con hijos menores comunes, un tercio de los cuales son muy conflictivos. Por otra parte, el SAP se produce, casi siempre, en un proceso judicial de ruptura de pareja y, en un país con una Justicia secularmente lenta, la dilación judicial acaba coadyuvando a la aparición del SAP y dificultando, cuando no impidiendo, su curación. “El SAP –añade Fernández Cabanillas- es una urgencia sanitaria de salud mental infanto-juvenil, pero ‹‹urgencia›› y ‹‹juzgado›› son palabras antinómicas, una contradicción en sus propios términos. Si a lo anterior unimos que un conjunto heterogéneo de operadores jurídicos (abogados, procuradores, psicólogos forenses, asistentes sociales, puntos de encuentro familiar, etc.) basan sus ingresos anuales en la propia existencia del conflicto de las parejas rotas con hijos, la salud psíquica de estos niños y su desarrollo equilibrado no encuentra muchos defensores con suficiente influencia política y social para la solución de esta grave ‹‹epidemia psíquica››.

En concreto, se estima que afecta a uno de cada cuatro hijos de padres en proceso de separación contenciosa. Esta situación no es despreciable teniendo en cuenta que el 35% de las separaciones y divorcios -se registran unos 150.000 cada año en España- son conflictivos, y en más de la mitad hay niños implicados, lo que genera un caldo de cultivo importante para este síndrome, que se ve con mayor frecuencia en este país. Se calcula que puede haber entre 500 y 1.000 casos de incomunicación entre algún progenitor y sus hijos, y en torno a 20.000 situaciones de transición en las que se empieza a detectar un problema de comunicación.
¿Cómo solucionar el conflicto?

Si una persona sufre este síndrome, tendrá muchas dificultades para superarlo y lograr recuperar el amor de sus hijos. Todo el sistema jurídico español –explica el presidente de Anasap- se vuelve contra el progenitor alienado. Muchos padres son víctimas en el proceso de divorcio de la estrategia del abogado contrario llamada “la bala de plata”: denuncia de su ex por abusos sexuales a su hija menor, con petición de largas condenas de cárcel, que, sólo tras un calvario judicial, estigmatizado socialmente, y tras la “pena de banquillo” (el hecho de estar procesado penalmente ya es una “pena”), muy tarde y con suerte, será declarado inocente. Pero el tiempo no vuelve hacia atrás y cuando un Juez o Tribunal lo absuelve, sin contacto ni visitas con su hija menor durante el largo proceso, ese padre “ha muerto psíquicamente” en la mente de su hija.

“Conté mi problema en Asuntos Sociales -nos explica esta mamá- y allí me dijeron que mi caso era un claro ejemplo de Alineación Parental, pues las niñas se creían las mentiras de su padre y se estaban convirtiendo en manipuladoras de los demás niños. Tuve que abandonar el hogar porque no soportaba cómo mis hijas me rechazaban y me echaban de casa. Me vi obligada a poner una denuncia a mi marido por malos tratos psicológicos que llevaba a cabo a través de las niñas. Se celebró un juicio de medidas provisionales, en el que las niñas pidieron permanecer con su padre y el Juez las escuchó. Me pusieron un régimen de visitas, pero él lo incumple diciendo que las niñas no quieren verme y me impide la comunicación con ellas apagando los teléfonos. Las utiliza en los juicios en su propio beneficio, haciendo que declaren contra mí y corroboren lo que él dice”.

En el caso de las mamás alienadas y excluidas, declara Francisco J. Fernández, el estigma social es muy fuerte, la sociedad las señala como “mala madre” de forma tan cruel, que la mayoría padecen depresión profunda, incluso constan numerosos casos de suicidio. “Lo mejor es que los papás y mamás afectados de SAP se pongan en contacto con nosotros a través de nuestra web, www.anasap.org, donde podremos ayudarles”.

Para iniciar las vías de solución de este grave problema social, primero se ha de aceptar su existencia, lo cual aún no está pasando en este país. Lo segundo, desvincular el SAP de la cuestión de “género”. En resumen, reconocer que el SAP existe y no es sexista, afecta a niños y a niñas, a papás y a mamás.

“El Gobierno –añade el presidente de Anasap- ha de tomar medidas urgentes de política judicial y, si es verdad que en España se aplica la Convención de Derechos del Niño, no puede crear primero Juzgados de Violencia contra la mujer ya que la protección primera ha de ser a los niños: el interés ‹‹superior›› del menor, obviamente, no es superior en la práctica política. Además, los Juzgados de Familia y otros competentes en la materia han de contar con personal de primera categoría profesional: los mejores, con los mejores medios y los mejor pagados, con incentivos económicos específicos a la solución real de problema de relación niño-progenitor afectados de SAP. Hasta ahora, el incentivo económico es ‹‹dar carpetazo›› judicial al tema.

Hay que cambiar la ley de divorcio -que en teoría es de ‹‹divorcio de los padres›› y en la práctica se convierte en la ley del ‹‹divorcio de los hijos››- introduciendo mecanismos de igualdad parental en la relación con los hijos menores”.

La custodia compartida, explica Fernández Cabanillas, no es la única solución, pero es una buena “vacuna” o mecanismo legal preventivo para la aparición y desarrollo del SAP. La custodia compartida, alternativa o repartida es una exigencia de igualdad. Pregúntale a un niño: “¿cómo repartirías una tarta entre papá y mamá de manera justa?” Te responderá, “igual a cada uno”. La distribución del tiempo de relación entre un niño y sus padres que se aleje de la mitad para cada uno, requiere mucho esfuerzo para su justificación, más aún en una sociedad como la española, que tiene aversión a la desigualdad. Las personas y asociaciones contrarias a la custodia compartida en España, que hablan de “niños-maleta”, son las que viven del “niño-maletín”.

“Nosotros –explica esta madre- estamos a la espera de que el juez dictamine sobre nuestro caso, ya que nos tienen que ver los peritos judiciales, algo por lo que he luchado mucho para que así se desvele toda la manipulación y el daño irreversible que mi ex marido ha causado a sus hijas.

Desgraciadamente, la justicia es lenta y esa lentitud hace que la situación se agrave cada vez más: el padecimiento de las niñas les causará secuelas el día de mañana, sin hablar de mi desgaste por una lucha diaria para conseguir que esto se solucione lo antes posible. No sólo están aisladas de mí, sino también de mi familia.

Parar acabar con este problema, necesitaríamos jueces de familia especializados en estos casos. Así se evitaría que los niños fueran víctimas de una separación, durante la cual uno de los padres los utiliza para su propio beneficio: en venganza hacia el otro progenitor por separarse y para conseguir mantener sus bienes materiales, importándole más esto que el bienestar de sus hijos”.

Fuente: Francisco J. Fernández Cabanillas, presidente Anasap, www.anasap.org.
Redacción: Irene García